Jesucristo (1)

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           3571818866_bd80b91a75_o              En las dos entregas anteriores, nos aplicamos a profundizar en la Iniciación Cristiana, como método para injertarnos a Cristo en la Iglesia. Ahora, nos aplicamos a contemplar el misterio de nuestro Señor Jesucristo que es el eje en que gira toda la Iniciación Cristiana. Aquí, expresando nuestra fe,  solamente buscaremos, resaltar todo lo que sugiere y significa, el empleo del nombre de Jesús.

                         I.- Es Jesús. Para empezar, el nombre de Jesús, designa lo que se designa normalmente en el lenguaje humano y en el pensamiento bíblico: el ser mismo en su singularidad, su individualidad concreta y personal: es él mismo y no otro, él y todo lo que él es, es Jesús como lo mencionan muchos textos bíblicos y profanos. Este demostrativo, expreso o no, tradujo casi siempre la afirmación cristiana fundamental, y  la continuidad del personaje humano fundamental aparecido en la carne y el ser divino confesado por la fe: “este Jesús que ustedes han crucificado, Dios lo ha hecho Señor y Cristo” (Hch. 2,36).

                          “Israelitas, escuchen: Jesús de Nazaret, fue el hombre a quién Dios acreditó con los milagros, prodigios y señales que realizó por medio de Él entre ustedes, como bien lo saben. Dios lo entregó conforme al plan que tenía previsto y determinado. Y ustedes, valiéndose de los impíos, lo crucificaron y lo mataron. Dios sin embargo, lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte, pues era imposible que esta lo retuviera en su poder, ya que el mismo David dice de Él: Tengo siempre presente al Señor, porque está a mi derecha para que yo no dude. Por eso se alegra mi corazón, se alegra mi lengua, y todo mi ser descansa confiado;  porque no me entregarás al abismo, ni permitirás que tu fiel experimente la corrupción. Me enseñaste los caminos de la vida y  me saciarás de alegría en tu presencia”. (Hech 2, 22-28).

                          II.- Jesús de Nazaret. Un ser de carne: “nacido de una mujer, no sujeto a la Ley” (Gal 4,4). Jesús apareció en este mundo en una fecha determinada: “cuando Quirino era Gobernador de Siria“ (Lc 2,2). En la familia , “de José, de la descendencia de David” (Lc 1,27), instalada desde el regreso de Egipto “en la Villa de Nazaret”. El nombre, que como todo niño judío recibía en su circuncisión, no es excepcional en Israel. Pero Dios que en este niño se convertirá en Emmanuel, “Dios con nosotros: La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quién pondrán por nombre Emmanuel, (que significa Dios con nosotros” (Mt 1,23).

                         “Cuando José se despertó del sueño, hizo lo que el Señor le había mandado: recibió a su esposa y, sin tener relaciones conyugales ella dio a luz un hijo al que José puso por nombre Jesús” (Mt 1, 24).

Héctor González Martínez

Arzobispo Emérito


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