Iniciación Cristiana (3)

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3571818866_bd80b91a75_oOrientaciones modernas de la Catequesis Catecumenal: a).-Es una Catequesis de adultos. Hasta ahora todo el espacio de la catequesis en nuestro régimen de cristiandad, que viene desde el siglo VI en adelante con la decadencia y desaparición de la institución catecumenal, se centró esencialmente en el Catecismo para los niños y los adolescentes. Y La catequesis catecumenal de adultos ha tomado formas diversas.

La institución religiosa de los adultos de tipo doctrinal-apologética, fue el equivalente de lo que en la tradición se llama iniciación cristiana. Pero se trata sobre todo de adoctrinamiento y adiestramiento ritual y moral para hacer conocer el catecismo y hacer practicar la religión. Incluso cuando al catecismo se agregó la enseñanza de la Biblia (método de Munich), esta última se utilizó siempre como historia sagrada y no como historia de la salvación.

La segunda etapa de esta recuperación del catecumenado fue la catequesis histórico-salvífica (movimiento kerigmatico después de la última guerra). Se descubre la importancia de la palabra de Dios y del medio eclesial como marco de la catequesis.

Puede identificarse una tercera etapa en los movimientos de acción católica, con la que la catequesis existencial: la catequesis de tipo sintético, derivada de la palabra de Dios, necesita una confrontación con la vida; el método de servicio de vida permite hacer una catequesis inductiva, con proclamación indirecta del mensaje y con perspectivas antropológicas.

                Después del vaticano II se va difundiendo una catequesis basada en las expectativas kerigmáticas humanas: libertad, paz, justicia, revolución, progreso, amor, etc. En primer lugar ésta experiencia personal o del grupo, con el peligro de subjetivismo, pero también con la ventaja de una fe vital, encarnada, más comprometida en la acción.

Problemática del catecumenado adulto hoy.  No basta con mejorar la catequesis si desgraciadamente  hay que comprobar que con frecuencia  la perseverancia de los neófitos parece bastante débil  (en Francia va del 10 al 20 por ciento, que es el mismo porcentaje de los practicantes). Los problemas que se plantean intentan explicar estas dificultades de integración de los nuevos bautizados en la propia Iglesia local ¿Se debe esto al hecho de que los candidatos no están del todo convertidos, ya que en la adhesión a Jesucristo juegan a veces otras motivaciones? ¿O es que  el lenguaje litúrgico de la Iglesia resulta incomprensible a los neobautizados de forma que se alejan de una práctica para ellos hermética? ¿O se debe esto al brusco paso del grupo reducido de la comunidad catecumenal al grupo más amplio y anónimo de la parroquia? ¿O es que los nuevos bautizados conciben a la Iglesia como un grupo protector o como un grupo de practicantes, y no suficientemente como una misión y una responsabilidad?

                Las respuesta hay que buscarlas en una verificación que tenga en cuenta cada uno de los ambientes vitales: catecumenado en una gran metrópoli, catecumenado para emigrantes… Un balance sintético de los problemas del catecumenado europeo actual que se hizo en Estrasburgo en 1973 en nombre de nueve países representantes puede formularse de este modo:

                         Los sacramentos están perdiendo su significado como puntos de referencia del paso de la increencia a la fe. La diferencia entre creyente y no creyente no se sitúa ya en la práctica sacramental, sino en la conversión de vida. Se descubre paralelamente la sacramentalidad de la vida como lugar de creación continua y de acción del Espíritu.

                         El papel de las comunidades es primordial para el nacimiento de la fe; comunidades en las que se viva una sana búsqueda, a pesar de cierta marginación habitual respecto de algunas formas de Iglesia constituida, pues la vida práctica va superando esquemas del pasado. En el Catecumenado, se descubre el sentido de la vida, se da la conversión, se recibe la Palabra, se desarrolla una experiencia eclesial, para desarrollarse  social y eclesialmente.     

Mons. Héctor González Martínez

 Arzobispo Emérito

 


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