Edad para el matrimonio (1)

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3571818866_bd80b91a75_oEn días pasados, el Pbro. Dr. Jesús Gaona M. Párroco de Analco en esta ciudad, publicó en Facebook, un largo artículo sobre la edad para contraer matrimonio. Agradeciéndole, felicitándole y con su consentimiento, yo retomo esta valiosa aportación para publicar su contenido en mi columna “Episcopeo”, distribuido en tres entregas.

 “Treboniano, jurisprudente del s. VI d.C. compila las leyes del Imperio romano, compilación que se extendía desde la fundación de Roma, 750 a. C. Con este trabajo se reunieronbv  los libros del Codex Juris Civilis, que luego promulga el mismo Justiniano. Sorprende que, para este trabajo,  Treboniano sintetizó tres millones de rollos de pergamino que reunió de las diferentes provincias de ambos imperios.

  Los libros que componen el Códex: Constituciones, Digestum, Codex, Novellae, decretan como edad legal para el matrimonio 12 años de edad para la mujer y 14 para el hombre, pero puede celebrarse válidamente antes, es decir, desde que en los adolescentes aparece el bello púbico. Estas costumbres y leyes tenían vigor tanto para el Occidente como para el Oriente.

  La Iglesia, heredera de la legislación hebrea y grecoromana, aplicaba esta legislación en el caso de los menores de edad. Aún hoy la aplica, porque en el Código de Derecho Canónico de 1983, en el canon 1083.3, dice: “No puede contraer matrimonio válido el varón antes de los dieciséis años cumplidos, ni la mujer, antes de los catorce también cumplidos”. Pero este mismo canon en el apartado 2, establece una excepción para la licitud: “Puede la Conferencia Episcopal establecer una edad superior para la celebración lícita del matrimonio” La Conferencia Episcopal Mexicana, ha señalado la edad de 18 años, para el hombre y la mujer.

  Es sabido que, habiendo sido el matrimonio establecido por el Creador, para la multiplicación congrua de la especie humana, matrimonio que luego fue instituido por Cristo como Sacramento, la Iglesia regula este instituto sin alterarlo. Establecido pues, por el mismo Dios Trino, no por Gengis Kan, Martín Lutero, Benito Juárez, Carlos Marx, Lenin o Manuel López Obrador; ni por algún legislador de izquierda u homosexual de la Ciudad de México o del Honorable Congreso de Durango.

  La lectura de los jurisprudentes romanos citados por el Codex Juris Civilis, muestra una cultura prevalentemente agropecuaria, que duró en Europa desde la fundación de Roma, prácticamente hasta el siglo XVIII, sobre todo, en países de estructura capitalista que se industrializaban. Ante todo, en el contexto romano, los matrimonios entre menores de edad, se realizaban entre adolescentes, tanto por costumbre como por las alianzas entre familias de patricios.

En el siglo III-IV d. C. se lee que el hijo del gobernante de la Ciudad de Roma, pretendía a la niña Inés de 13 años, perteneciente a la familia de los Clodios; el pretendiente se enamoró de ella, cuando salía de la escuela. Demasiada pretensión de alianza matrimonial, para un ciudadano romano de segunda categoría, como era este joven. Además la adolescente Inés era cristiana, y como ella le explicó repetidamente al pretendiente, también era virgen consagrada a Cristo, a quién había elegido como esposo.

Es importante considerar esto, porque los masones, sustentadores y promotores de la Constitución Mexicana de 1917, alaban el artículo tercero de la Constitución, esencialmente contrario al Evangelio, diciendo que la Iglesia siempre se opuso a la educación de niños y jóvenes; ignorando que la Iglesia, favorecida por la justicia del derecho romano, desde sus inicios fundó corporaciones jurídicas, entre otras cosas para la educación de niños, adolescentes y jóvenes. No necesitó de médicos, sexólogos o sicólogos amorales que les impartieran educación sexual.

En aquellos tiempos, en Roma, la precocidad para contraer matrimonio se explica  por la cercanía al mar y porque el matrimonio protegía más  a los conyuges, a pesar de los peligros de la lujuria ambiental y pagana. La biografía de Inés, muestra que fue martirizada por los verdugos del gobierno idólatra de Roma, y la asesinaron con tormentos, por no renunciar de Cristo y de su consagración a Él. Pero así, ahora ella es santa y está en el cielo, gozando de la gloria celestial.

Héctor González Martínez

Obispo Emérito


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